Tomás Torres, “Reseña: Rodrigo Karmy, ‘El porvenir se hereda: fragmentos de un Chile sublevado’”

Trenzar. Revista de Educación Popular, Pedagogía Crítica e Investigación Militante
Nº6, Año 3, abril – septiembre 2021: 141-144
Red Trenzar: Santiago de Chile
ISSN (online) 2452-4301

DOSSIER: RESEÑAS DE LA REVUELTA


 

Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas. Reseña: Rodrigo Karmy, “El porvenir se hereda: fragmentos de un Chile sublevado”

 

Tomás Torres López[1]

 

Recibido: 30 de marzo de 2021 / Aceptado: 20 de abril de 2021

 

El texto que se reseñará se plantea como una invitación no sólo a reconocer los acontecimientos y significancias de la revuelta chilena, sino también como una apuesta a entender a contrapelo la forma hegemónica en la que se ha planteado la historicidad.

Publicado el año 2019, El porvenir se hereda: fragmentos de un Chile sublevado, nos invita a reconocer diferentes aristas sobre las que se desarrolló la revuelta. Los puntos álgidos y masivos de las protestas, la configuración de “aparatos de captura”[2], la manera en la cual se fue urdiendo uno de los momentos más importantes de la historia reciente de nuestro país. El libro de Rodrigo Karmy, es una recopilación de intervenciones en medios virtuales y revistas de filosofía política donde el autor analiza pormenorizadamente su interpretación de las movilizaciones nacionales.

Si hay un concepto que atraviesa buena parte de las reflexiones y categorías que moviliza el autor, es el de historicidad. Señala Karmy: “Como si en plena carretera se abriera una grieta, como si un continuum histórico se detuviera. La atmosfera normalizó la presencia de múltiples sonidos.”[3] Es precisamente, la “suspensión del tiempo histórico” que señala Furio Jesi[4], lo que caracterizaría la interrupción de la normalidad temporal del capitalismo. Como si el ángel de la historia, en la descripción de Benjamin[5], mirando el desastre del desarrollo, se percatara de que la única solución es no sólo frenar el tren, sino suspender el historicismo clásico para describir el presente.

De esta manera, las enseñanzas de la revuelta no sólo son políticas, en el sentido estricto del término, sino también teóricas. El título del libro, hace referencia a la forma en la cual se deben leer las “aperturas”, “invenciones” e “imaginaciones” de aquellos fragmentos sublevados, puesto que no hay un futuro redentor, sino un punto de fuga que entre sus pliegues produce momentos de disrupción: “No se trata de “futuro” aún (ese horizonte dueño de una dirección precisa), sino de un porvenir (esa abertura a la posibilidad de devenir otros de sí” en la que una potencia no descansó jamás en algún trauma que pudiera prefigurarle la forma, sino que siempre se mantuvo irreductible a las trampas de la ley.”[6] La ley, no debe entenderse sólo como el formalismo judicial, sino como ley del desarrollo histórico. En este sentido, el porvenir se hereda porque no es una dirección precisa, sino aquellos puntos de fuga o fragmentos que configuran un devenir común, una subjetivación colectiva.

En esto radica, precisamente la singularidad del acontecimiento histórico de la revuelta, de ahí también se explica la incapacidad de captarla por parte de los dispositivos legitimados del conocimiento universitario. No sólo hay una deuda de estos centros del conocimiento por poner el orden como eje explicativo de los fenómenos sociales, sino sobre todo porque se encuentran recluidos por lo que el autor denomina la “episteme transicional”[7], que no fue capaz de ver lo que se gestaba en los subterráneos de la ciudad. Tomando esta idea, de que las movilizaciones se iniciaron en el metro (tren subterráneo), la revuelta permitió hacer aparecer, en la superficie toda la imaginación popular.

Pero si la revuelta no es sino, “una suspensión del tiempo histórico”[8], esta abre la posibilidad para imaginar otra época histórica. Sin embargo, esa imaginación no puede quedar atrapada por una definición psicológica del fenómeno, sino más bien esta: “produce efectos de subjetivación a los cuerpos individuales al resolver el misterio radical de la gnoseología averroísta que permite la conexión entre lo material y lo inmaterial, entre lo finito y lo infinito, entre los cuerpos individuales y el pensamiento común, no sea más que el carácter activo de una imaginación (…)”[9]. En otras palabras, la imaginación y el pensamiento tienen una conexión estrecha, razón por la cual la suspensión del tiempo permite pensar (imaginar), futuros posibles, pliegues de la razón que devienen formas de destitución.

Esto último, es relevado por Karmy, dado que la suspensión que genera una revuelta, en el caso chileno, no es sólo del tiempo, sino de acontecimientos establecidos por el poder.[10] El eje sobre el cual se articularon dichos acontecimientos fueron por medio de la violencia “sacrificial”. Mientras que la fuerza popular y social demostrada en las protestas es caracterizada como “martirológica”[11]. La distinción es bejaminiana, como gran parte de la inspiración de la lectura política que realiza el autor. La primera de las formas de acción es destituyente, por cuanto no busca instaurar o defender un orden, sino transformarlo. La segunda, busca lo contrario.

En otros términos, la revuelta no tuvo como eje la destrucción, sino la destitución, así atestiguó el paisaje del campo de batalla de los sinnúmeros de enfrentamientos contra las fuerzas del orden. Toda simbología del poder y del capital se encontró quemada o saqueada, mientras que la del pueblo se mantuvo presente como porvenir heredado.

Queda un segundo tema muy interesante que es señalado por Karmy, la relación entre revuelta y revolución. Esto último es relevante en la medida en que las movilizaciones desde las árabes hasta las latinomericanas, han adoptado lo que podríamos denominar como “forma-revuelta”, mientras que la “forma-revolución” no ha consolidado el panorama sobre el que se han erigido los levantamientos sociales y populares. Entonces ¿qué relación hay entre revuelta y revolución? Karmy señalará: “La revuelta no conoce el “hoy” o al “mañana”, porque no está calculando su acción al interior del circuito cronológico del tiempo ya suspendido. La revolución si, porque debe actuar justamente para enfrentar al “hoy” y al “mañana” de la nueva cronología instaurada”[12]. En otros términos, la revuelta pone en tela de juicio la historicidad misma, es decir, son dos concepciones del tiempo histórico: como apertura y como futuro. Sin embargo ¿Puede una revuelta devenir revolución? Sin dudas, pero a cambio de transformarse desde un comienzo hacia un fin, poniendo en tela de juicio la noción inmanente de su crítica a la representabilidad como momento de la política. Por lo tanto, más que preguntarse sobre el devenir de las movilizaciones populares, Karmy nos invita a preguntar sobre la deseabilidad de la captura de la imaginación destituyente que implica una revuelta.

En términos más concretos, lo acontecido en Chile, según se cuestiona Karmy, es el siguiente: “¿Se trata de una revolución? Seguramente si, pero de una revolución exenta de filosofía de la historia, que sabe que no hay garantías de nada porque todo arde en el vestíbulo de una historicidad siempre abierta. Se trata, diremos, de una apuesta revolucionaria.”[13]

Esta “apuesta revolucionaria” que cuestiona la filosofía lineal de la historia, quizás devenga la forma generalizada de movilizaciones sociales, cuyo componente destituyente es fuerte, pero que su componente de normalización de un nuevo orden no está del todo claro. Por lo tanto, habrá que contribuir a la producción de nuevas formas de explicación, incitación y acompañamiento a estos procesos para que contribuyamos a imaginar “revoluciones no modernas.”[14]

Finalmente, tras largos meses de pandemia, encierro y distanciamiento físico, la lectura de este libro fue como recibir una fresca brisa marina que trajo como recuerdo los momentos de politización subalterna más recientes, que parecieran estar atrapadas en un tiempo remoto, pero que ojalá pueden ser heredados como porvenir en las futuras movilizaciones.

 

 

Bibliografía

Benjamin, Walter. La dialéctica en suspenso Fragmentos sobre la historia. Santiago de Chile: LOM, 2009.

Deleuze, Guilles y Guattari, F. El Antiedipo: capitalismo y esquizofrenia. España: Paidós, 2004.

Jessi, Furio. Spartakus. Simbología de la revuelta. Argentina: Adriana Hidalgo Editora, 2014.

Karmy, Rodrigo. El porvenir se hereda: fragmentos de un Chile Sublevado. Chile: Sangría, 2019.

 

 

 

[1] Chileno. Dr. © en sociología, Universidad Alberto Hurtado. Contacto: tom.torres.lopez@gmail.com. Registro ORCID: https://orcid.org/0000-0001-6995-7597

[2] Guilles Deleuze y F. Guattari, El Antiedipo: capitalismo y esquizofrenia (España, Paidós, 2004).

[3] Rodrigo Karmy, El porvenir se hereda: fragmentos de un Chile Sublevado (Chile, Sangría, 2019), 17.

[4] Furio Jessi, Spartakus. Simbología de la revuelta (Argentina, Adriana Hidalgo Editora, 2014).

[5] Walter Benjamin, La dialéctica en suspenso Fragmentos sobre la historia (Chile, LOM, 2009).

[6] Karmy, El porvenir se hereda, 20.

[7] Ibíd, 129.

[8] Ibíd, 57.

[9] Ibíd, 75.

[10] Ibíd, 56-57.

[11] Ibíd, 37.

[12] Ibíd, 100-101.

[13] Ibíd, 102.

[14] Ibíd, 104.

 

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